Por las calles vagabundea,
sobre las ventanas: azota
y bajo un puente nos refugiamos.
Acompañados de guitarras
y embanderados en palabras
con soberbia le cantamos.
De salir a empaparnos,
a bailar bajo su funda
y a sonreír: presumimos.
Pero cuánto de muerte,
cuánto de hórrido enmascara,
cuántas almas desgarra,
cuántos cuerpos arrastra.
Cuántos demonios desata,
cuántas guerras proclama,
cuántos colores admite,
y especialmente cuántos,
en verdad: cuántos,
ante su genial belleza:
nos lanzamos.