sábado, 12 de marzo de 2011

El viaje

Los hombres de piedra, que fueron destruidos por su incapacidad para adorar, caminaron después de la existencia física en un plano muy diferente, cuya puerta era un ojo de luz que se abre lentamente y cuyo único sonido es la música que sigue los sentimientos de los seres que lo habitan.

En la primera etapa, sintieron una nostalgia enorme, un deseo de vagar de nuevo por los boques y selvas, de ver al jaguar peregrinar, de oler el cielo y preparar sus bebidas espesas, sus caldos pesados y condimentados con hierbas encestrales. Sus danzas lentas y sonoras como caracoles gigantes no habitaban más las selvas incólumes al tiempo.

En la segunda etapa, se transformaron en pinturas, y se movían deslizándose por los contornos rojos, verdes y azules, haciendo guerras infinitas con los colores vivos e intimidantes. Recordaban glorias jamás obtenidas e inmortalizaban a capricho sus imágenes grandes y grises. Sus preciosas cabezas, adornadas con pinceladas fuertes, eran un patrón secreto en la pared de un templo olvidado.

Su siguiente transformación los llevó a un estado aún más insólito, eran deseos, simples impulsos; un estado tan fútil, hermoso y obstinado, que no tardaron en superarlo. Luego, se convirtieron en espirales, que como fuegos fautos brillaban azules en las profundidades del firmamento. Los juegos de estos apacibles seres se interpretaron indebidamente por los ahora solitarios poseedores de la conciencia terrenal.

Su última transformación los llevó ante la gran fogata, en la cual los dioses se inmolaban cuando era tiempo de un nuevo sol. Ahí se encontraron con el Mono, y platicaron largamente en un lenguaje de silbidos y música. No entraron en el fuego, pero lo guardaron con celo hasta que nadie cuestionó su derecho a la custodia, y nadie osó nunca contradecir sus mandatos.

Los hombres de barro los confundieron con dioses violentos.

5 comentarios:

  1. Interesante Ton :). Si lo mejor lo reservás para los libros, seguramente tendremos grandes obras :).

    ResponderEliminar
  2. recuerdo algo de los hombres de madera del popol vuh, aunque no sabría identificar a estos seres de tu relato

    ResponderEliminar
  3. Inspirado en ese maravilloso librito y en "O'yarkandal", de Salarrué.

    ResponderEliminar
  4. Me acabas de recordar de otro libro que quiero leer...

    ResponderEliminar